Mi hijo no quiere comer, ¿qué hago?


  
Enfrentarse a la hora de la comida puede convertirse en un auténtico suplicio para los padres de los NIÑOS QUE NO QUIEREN COMER. Muchos de ellos no saben cómo enfrentar la situación... ¿Debemos obligarlo a comer?, ¿distraerlo? ¿sobornarlo con promesas y regalos?, ¿dejarle que coma cuando y lo que él quiera?.

  Las guerras en casa con los niños malos comedores son más habituales de lo que pensaba, ahora después de ser madre todas te dicen que su hijo, su sobrino o su vecino comían mal, todos opinan y acaba una hasta la coronilla. Los pediatras te dicen que esas tensiones suelen ser debidas a una percepción equivocada de los padres sobre cómo y cuánto deben comer sus hijos. Tienden a agobiarse si su hijo/a come poca cantidad o escasa variedad de alimentos. No obstante, esta preocupación es innata en los progenitores de todas las especies, ya que quieren asegurar la supervivencia de sus crías. Pocos son los que le dan realmente importancia a este hecho si ven al niño con aspecto delgado aunque saludable, pero hay qur vivirlo en las propias carnes para saber lo que es esto, y no estoy hablando de comer poco, estoy hablando de tener en el cuerpo 50 ml de leche,3 cucharadas de puré o 2 patatas. Como decía mi marido " yo estaba preparado para no dormir Pero no para que mi hijo no quisiera comer". Nadie está preparado para ver este rechazo constante  y es Cuando te preguntas,  por qué? Cuál es la causa?qué puedo hacer?


  Han pasado ya algo mas de 2 años con este trabajo y preocupación a la que nadie llegó a dar una explicación y una razón pero yo estoy más tranquila, más relajada, voy viendo la luz  porque se que aunque mi hijo coma poco y dias se alimente del aire tiene una analítica nutricionalmente aceptable,me gustaría que fuese excelente pero llegados a este punto es como si lo fuera.


"Definir a un niño que no come como sus padres quisieran como mal comedor puede tener el efecto contrario al buscado y favorecer que el pequeño asuma esas pautas de comportamiento que se le asignan para llamar la atención o porque cree que, efectivamente, come mal "


  Especialistas coinciden en los mismo, en una serie de pautas básicas que a veces son difíciles de llevar a cabo con un niño asi pero que nos pueden ayudar bastante a la hora de las comidas :



  • No forzar al niño/a a comer para evitar tensiones en la mesa que provoquen en el pequeño fobias frente al plato.
  • Permitir que el niño/a elija los alimentos. Es habitual que un niño no coma de todo, pero sí es recomendable que su dieta incluya todos los grupos de alimentos (lácteos, frutas, verduras, carne). Es aconsejable que se acostumbre a todo tipo de alimentos, primero con los que más le gusten y luego, de manera paulatina, se aumente la composición de su dieta.
  • Comer en familia. El niño/a imita las conductas de las personas de su entorno. La hora de la comida se puede convertir en un acto social alrededor de la mesa durante el cual no solo se comparten alimentos, sino que también se interactúa. Este es el momento de que los padres ofrezcan ejemplo a sus hijo/as al comer variado y sano.
  • Permitir que el niño/a manipule la comida. Los niños pequeños aprenden a través del tacto y el olor y con los alimentos no se trata de una excepción. Por ello, es aconsejable dejarles experimentar con sus sentidos frente a los alimentos (tocarlos, olerlos).
  • Ofrecer poca comida. Un plato a rebosar de comida puede agobiar al niño. Es preferible que se quede con hambre y pida más. El truco consiste en usar un plato grande con poca cantidad de comida.
  • Mezclar en el plato alimentos que le gustan con los que rechaza. De esa manera, el niño/a se puede animar con más facilidad a experimentar con diferentes sabores y ampliar su dieta.
  • Presentar los alimentos de manera atractiva. Un plato con alimentos dispuestos de manera atractiva entra por los ojos e invita al pequeño/a a comer. Se puede jugar con los colores de los alimentos y sus formas y disponerlos de forma divertida, por ejemplo con forma de cara o de animales.
  • Dejar al niño/a que participe en la cocina. Cuando el niño ya no es un bebé puede colaborar en la compra de la comida y ayudar en actividades sencillas de la cocina bajo supervisión.
  • Dar margen de tiempo al niño/a para que coma. La hora de la comida no se puede convertir en una carrera contrarreloj. Como mínimo hay que contar con 40 minutos para que el pequeño coma. Pero hay niños que lo hacen a un ritmo muy lento y conviene respetarlo. Si es necesario, es aconsejable planificarse para que comience a comer con mucho margen de tiempo.
  • No ofrecer al niño/a alimentos diferentes del menú. Es fácil caer en el error de dar al niño otros alimentos diferentes de los previstos para que coma. Pero, a la larga, las consecuencias se traducen en que el pequeño es quien decide lo que come, es decir, solo lo que le gusta, con la consecuente restricción en la variedad de alimentos necesarios para tener una dieta equilibrada.
  • Frenar el exceso del consumo de leche. Es un error confundir este lácteo con una bebida; se trata de un alimento. Pero los padres, para que el niño coma, le pueden ofrecer más cantidad de lácteos de la recomendable. La pediatra María Teresa Cenarro, advierte en este sentido: “Los niños que toman mucha leche suelen tender a padecer anemia por la falta de hierro, lo que a su vez provoca la disminución del apetito”.
  • Evitar castigar o premiar al niño con las comidas. La estrategia de guardar el plato de comida que el niño no quiere en la nevera para la próxima comida y reñirle o bien de premiarle con un alimento que le guste por haber comido algo que no quería, puede favorecer la actitud del pequeño de querer llamar la atención. Por ello conviene felicitarle, pero con moderación.
  • Conseguir que la televisión no forme parte del menú. Si el niño/a ve la televisión mientras come, se distrae. El acto de comer debe ser consciente para poder disfrutarlo e integrarlo como experiencia en la vida del niño ( yo aún eso no lo he conseguido, estamos en proceso).
  • Evitar que el niño/a coma entre horas. Para tener hambre cuando se llega a la mesa es necesario no ingerir alimentos entre horas.
  • Introducir los alimentos de manera paulatina en el menú infantil. Colocar en el plato del niño/a un solo alimento para que lo pruebe y, aunque lo rechace en principio, insistir cuando ha pasado un tiempo. De esta manera, se previene restringir la dieta solo a determinados alimentos que el niño/a acepta. Lo que en un momento dado no quiere comer puede convertirse en un futuro en uno de sus alimentos preferidos, así que, paciencia y constancia

  Si crees que tu hijo podría morir de hambre porque come las porciones de una ardilla ycada día tienes peleas a la hora de comer y cenar, este puede ser un buen momento para empezar a relajarte. Para empezar a desprenderte de la culpa que te persigue. Porque no eres la culpable de que tu hijo no coma. O de que coma pero no lo que debería. Es probable que ya hayas pasado por el libro ‘Mi niño no me come’ de Carlos González y sabrás que el niño sí que come (si camina, sonríe y juega no está muriéndose de hambre) aunque no lo que nosotros quisiéramos. O no en la porción que esperamos.

Mi hijo come poco

En primer lugar, tenemos un concepto erróneo y muy estandarizado de las porciones. No queremos que comparen a nuestro hijo con ninguno. Y sin embargo queremos que coman todos por igual. Los tarros de comida para bebés no son una medida para todos los niños. Los tarros de fruta tampoco. 

  De hecho, los padres anulamos su sensación de saciedad desde muy pequeños porque no aceptamos el no. No aceptamos que deje de comer cuando solo lleva tres bocados. No aceptamos que no se vaya a comer el plato entero que has estado 30 minutos cocinando. Y no solo no lo aceptamos, sino que lo vivimos como un rechazo o desprecio hacia nuestro trabajo. Enfocamos su negativa como una ofensa personal: no le ha gustado lo que le he hecho, no le gusta cómo cocino, no quiere comer mi comida, no come nada de lo que le pongo…. ¡ya no sé qué ponerte!

¿Cuánto debe comer?

Nadie conoce a su hijo mejor que su mamá, con el tiempo entenderás qué porción sacia a tu hijo y, si bien no le pondrás menos de eso, tampoco esperarás que se lo coma todo siempre. A veces te sorprenderá y otras comerá justo lo que esperas pero ¿por qué ibas a ser más feliz cuando el plato está vacío que cuando está a la mitad? Que tu felicidad sea que tu hijo tenga comida a disponibilidad y sepa calcular cuándo su estómago está lleno. Esto es una fortuna para la edad adulta, en la que comemos por ansiedad, aburrimiento o pena y no sabemos decir basta ante un estómago repleto.

Olvida el percentil

Por encima del percentil o por debajo del percentil no debe preocuparte en absoluto. Lo importante es DENTRO del percentil. Si te soy sincera, ya no peso a mi hijo, no va al pediatra más que cuando toca revisión . Mi hijo juega, ríe, descansa y bueno… come a su manera. Cada niño tiene un consumo calórico diferente y un apetito distinto.

¿Cuál es tu papel en todo esto?

Como madre interesada en la nutrición, soy la responsable de dar a mi hijo una alimentación saludable. Soy la responsable de ofrecer, surtir y proveer. Y salvo que tu hijo aún necesite que le ayudes con los cubiertos, la responsabulidad acaba ahí .
Recuerda que tú te encargas de proveer. Cuando un niño tiene hambre, come. Esto es animal e indiscutible. Pero lo cierto es que raramente llegan al punto de tener hambre profunda y real como para comer sin quejas..

La culpa no es tuya

En un apropiado artículo de Forks Over Knives planteaban una comida como un concierto de rock donde preparas todo a la perfección y cuando llegan tus diminutos comensales no recibes más que abucheos mientras te preguntas ¿qué he hecho mal?Pues nada, la culpa no es tuya.
Lee esto bien, mamá:
  • Si no quieren comerlo no es culpa tuya
  • Que no les guste no quiere decir que esté mal cocinado
  • …. o que el producto sea de mala calidad
  • … o que no lo hayas hecho con todo el cariño
  • Que no tengan hambre no está relacionado con que tu elección haya sido mala
  • Si hoy come no quiere decir que mañana lo haga y viceversa
  • Tú no tienes que adivinar lo que comerán o las cantidades

Cambia tu enfoque

Piensa en cuando van a la cama. Que tengan una cama no quiere decir que vayan a dormir cuando tu quieras, cuanto tú quieras, como tu quieras y que cada día hagan una norma del su3eño. Esto está medianamente aceptado pero con la comida seguimos haciendo batalla interna. Y lo peor, sufrimos sin necesidad.
Hay cosas mejores que hacer en la comida que discutir sobre lo que comemos. Si gusta si no gusta si es poco si es mucho si no puedo o me duele la barriga o me da asco o yo no quería o hacemos un trato… bla, bla, bla, es agotador. 
Pero no elige él, que no tiene la información. Elijo yo. 
Acepta que son seres individuales, pequeños y en formación. Respeta su estómago y no tengas prisa en que comprendan qué es una buena elección.

Lo haces bien y lo haces poco a poco.


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